El ayuno intermitente es tan antiguo como la humanidad, y es la clave de la longevidad

Incluso antes de la aparición de grandes civilizaciones antiguas, los cazadores-recolectores de todo el mundo cosecharon los beneficios del ayuno intermitente.

Pero si damos un vistazo atrás en la historia, notaremos que las civilizaciones antiguas en todo el mundo estaban mucho más avanzadas de lo que les atribuimos.

En muchas áreas, las civilizaciones antiguas como los antiguos egipcios o los antiguos griegos poseían conocimientos que los eruditos modernos luchan por comprender.

Existen fuentes escritas que son evidencia de que los humanos han usado ‘inanición’ para ayudar a su cuerpo a recuperarse y cosechar los beneficios para la salud que ofrece.

Sin importar el territorio o la religión, las diferentes civilizaciones antiguas usaban el ayuno intermitente y eran plenamente conscientes de su efectividad.

En la antigua India, Grecia y Egipto, los antiguos usaban el “ayuno” intermitente para tratar ciertas enfermedades, pero también como prevención.

Lo usaron para fortalecer el cuerpo, ya que el ayuno intermitente inicia una serie de procesos en el cuerpo, como la liberación de más Norepinefrina, un químico orgánico en la familia de las catecolaminas que funciona en el cerebro y el cuerpo como una hormona y un neurotransmisor, dando al persona que practica el ayuno más energía, estado de alerta y concentración.

El ayuno intermitente se mantuvo popular hace miles de años y se extendió por diferentes partes del planeta. En la Edad Media, el ayuno intermitente se mantuvo extremadamente popular a medida que las personas continuaban cosechando sus beneficios.

Sin embargo, incluso antes de los antiguos egipcios, griegos e hindúes, debido a la escasez de alimentos, nuestros antepasados, los cazadores-recolectores, practicaban el ayuno intermitente. Antes de la agricultura, la gente comía lo que podían cazar cuando regresaban a casa con las manos vacías, y no se encontraban bayas silvestres, se producían períodos de inanición y esto fortalecía enormemente a los cazadores-recolectores.

Esta práctica también jugó un papel clave en casi todas las principales religiones del mundo, ya que está asociada con la penitencia y otras formas de autocontrol.

Mahatma Gandhi realizó 17 ayunos durante la lucha por la independencia de la India. Crédito de la imagen: Wikimedia Commons.

Si echamos un vistazo a la historia de las diferentes religiones y su conexión con el ayuno intermitente, encontramos cómo el judaísmo tiene varios días de ayuno anuales, incluido Iom Kipur, el Día de las Expiaciones; en el Islam, los musulmanes ayunan durante el mes sagrado del Ramadán, mientras que los católicos romanos y la ortodoxia oriental observan un ayuno de 40 días durante la Cuaresma, el período en que Cristo ayunó 40 días en el desierto.

En los últimos tiempos, los científicos han comenzado a investigar el ayuno intermitente cada vez más.

Un estudio reciente realizado por científicos de Harvard ha demostrado que el ayuno intermitente no solo es saludable, sino que también puede ayudarlo a vivir más tiempo.

Expertos de Harvard han descubierto que manipulando las redes mitocondriales dentro de las células, ya sea por restricción dietética o por manipulación genética que lo imita, una persona podría aumentar su esperanza de vida y ayudar a promover la salud.

El estudio, publicado en la revista Cell Metabolism detalla los avances realizados en la investigación de las conexiones mitocondriales y explica cómo el ayuno intermitente es crucial para aumentar la esperanza de vida. Según los investigadores, la restricción dietética y el ayuno intermitente han demostrado en el pasado que pueden ayudar a la salud durante los años de la vejez, por lo que comprender por qué ocurre este fenómeno es un paso crucial hacia el uso terapéutico de sus beneficios.

Nuestro trabajo muestra cuán crucial es la plasticidad de las mitocondrias para los beneficios del ayuno“, explicaron, pero enfatizaron que es necesario investigar más a fondo este complejo proceso biológico para llegar a conclusiones definitivas.


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